El amor infinito de una noche de verano

Red Hot Chili Peppers abren su gira europea con una exhibición de músculo,  talento y oficio  en Sevilla

Cuando al filo de la medianoche se encendieron las luces del Estadio Olímpico –reconvertido casi definitivamente a auditorio- de La Cartuja, el mestizo público asistente salía con ganas de mucho más chili picante, tras el recital de poco menos de dos horas que había ofrecido la banda californiana. Es lo que sucede si se cierra un concierto con una pieza con tanto brío como “By the way”; no se puede esperar que la concurrencia se limite  a tomar el vasito de leche caliente y se vaya directamente a dormir.

Las altas pulsaciones del respetable fueron una constante a lo largo de toda la velada, que se había encargado de caldear Beck, telonero de lujo, mientras los asistentes se ubicaban en el recinto. Con ubicar quiero decir estar más pendiente de la cerveza que del propio asiento, lo que se tradujo en cierto trasiego de espectadores, levantando a los indebidamente colocados –alguno en ambos sentidos de la palabra-, a pesar de la buena disposición de los acomodadores , que le echaron paciencia y amabilidad al asunto. Sirva esta línea de pequeño homenaje para ellos. Con todo, su “Looser” fue merecidamente coreado por los espectadores que ya andábamos por allí.

Tras un breve receso, sobre las diez, acudieron puntuales a su cita los Red Hot Chili Peppers, que, azuzados por los aullidos de un público que llenaba el aforo por encima del 80%, saltaron al escenario dispuestos a arrasar desde la introducción inicial realizada por los tres instrumentalistas de la banda: el batería Chad Smith, el guitarrista John Frusciante y el bajista Flea. El cantante Anthony Kiedis se hizo de rogar hasta que sus compañeros, sin solución de continuidad, dieron paso a los primeros acordes de “Can´t stop”. Esa versatilidad para las transiciones ágiles entre canciones fue una de las tónicas más positivas a lo largo de todo el evento, la cual daba mucha vida a la actuación, puesto que los recesos de los artistas para coger aire fueron mínimos, por lo que el ritmo de la actuación se mantenía siempre muy vivo. En esta faceta destacó sobre manera Flea, puesto que el recién nombrado villano de la saga Star Wars lo mismo ligaba sus solos de bajo con acompañamientos de Frusciante y de Smith, que hacía cuchufletas con su amigo Kieldis , con el público o con ambos, incluso chapurreando castellano.  Aquello fue una especie de “Flea con todos”, no se puede decir que este hombre extrañe en absoluto. Al respecto hay que reseñar que todas estas interactuaciones con los asistentes fueron muy de agradecer y nos mantuvieron siempre dentro del concierto.

El único que estuvo más por su cuenta fue Frusciante, el guitarrista, que se le vio, como siempre, un tanto más apocado que sus compañeros, incluso con las pintas que llevaba, puesto que, mientras que sus compañeros exhibían sus musculadas extremidades y torsos semidesnudos, plagados de tatuajes, él se había vestido con un polo que probablemente le había regalado su abuela a alguna tía del pueblo, mucho tiempo atrás. No obstante, que nadie piense que su actuación fue frustrante, nada más lejos de la realidad. El neoyorkino exuda talento por todos los poros de su piel y, si no se dirige al público con palabras, es porque habla el lenguaje del virtuosismo con las seis cuerdas, que adereza con su voz de jilguero en los coros, imprescindibles para facilitar la labor de Kidelis. Sin duda es el mejor músico de la banda capaz de trufar las canciones propias con su estilo, o de adaptarse al de sus antecesores y sucesores.

En cuanto al doble de Will Ferrer, su actuación se vio beneficiada tanto por el poderío de sus brazos, que le permite retumbar la batería, como por la propia acústica del recinto, en el que se tienden a saturar los bajos. Sobre este tema se debería reflexionar por los responsables  de La Cartuja, entre los que sospechamos que debe haber algún fanático de Steve Harris… En todo caso, el bueno de Smith llevó los alambicados ritmos de los Peppers con una solvencia insultante, e incluso iba tan sobrado que  le daba tiempo a dedicar algún guiño al público, algo siempre más difícil cuando se está sentado a varios metros y no de pie, dando brincos, como sus compañeros.

Con estos mimbres los californianos abrieron la gira europea del “Unlimited Love Tour”, en el que presentan su último disco, del mismo nombre, junto con temas de sus otros trabajos más conocidos.  En cuanto al repertorio, no se arriesgó absolutamente nada. Particularmente, en mi caso, es de agradecer, al ser mi primera experiencia con ellos y reconozco que vibré especialmente con “Snow” y sus brillantes arpegios, y el nostálgico solo de “Scar Tissue”. Si bien el pilar fundamental fue ese nuevo “Unlimited Love”, del que nos ofrecieron cinco temas, estratégicamente ubicados, por cuanto que nunca tocaron dos consecutivos, de su disco “Stadium Arcadium” nos brindaron otros cuatro más. Queda claro que, como su propio nombre indica, este álbum está plagado de himnos de estadio que entran muy bien en conciertos multitudinarios. Entre los nuevos temas tuvieron una gran acogida la divertida “Aquatic Mouth Dance”, así como “These Are the Ways”, que vino precedida de unos compases del “Hey Joe” de Jimmy Hendrix, revisitado de una manera muy refrescante por la banda.

Particularmente me pareció muy fría la recepción que tuvo el que para mí es el mejor trabajo de “Unlimited Love”, la pegadiza “Here Ever After”, la cual tuvo acto de presencia en el último tercio, justo entre dos temazos como “Tell me baby” y “Californication”, de las cuales sólo esta última fue apreciada en su justa medida por un público al que la conocidísima obra despertó de una especie de extraño letargo. Espero que la nueva se incorpore a los clásicos del grupo en futuras giras.

En cuanto a la puesta en escena, el espectáculo de luces resultó apoteósico, una especie de psicodelia posmoderna que, utilizando los medios actuales, conseguía efectos tridimensionales muy inmersivos, como, por ejemplo la imitación de un viaje submarino en la citada “Aquatic Mouth Dance” y, sobre todo, la explosión de colores cálidos en “Give It Away”, canción que puso el falso punto final al concierto antes de los bises, durante el que fue, sin duda, el momento más aclamado de la noche, con los cimientos del estadio padeciendo los saltos y los gritos de grupo y fans. Cuando volvieron al escenario, nos obsequiaron con “Under the bridge”, que sonó muy limpia en su ejecución musical y completamente estruendosa en la parte de la letra, gracias al acompañamiento del enfervorecido público a Kidelis, antes del cierre definitivo que mencionaba al principio.

Y así fue cómo españoles de todos puntos de nuestra geografía, argentinos, italianos, ingleses y alemanes –de éstos solo puedo suponerlo, puesto que no los entiendo- salimos con la sensación de haber asistido a un espectáculo memorable, pero ligeramente corto. A estos Red Hot Chili Peppers le cabe con la gorra un segundo bis de tres canciones más como mínimo. Esperaremos ansiosos a que vuelvan por aquí y se queden un rato más.

Aquí tenéis el repertorio completo

https://www.setlist.fm/setlist/red-hot-chili-peppers/2022/estadio-olimpico-de-la-cartuja-seville-spain-6bb4f62e.html

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