Ardua tarea la de enfocar esta reseña, pues una de las bandas más carismáticas del panorama metalero, y por qué no decirlo, siempre controvertida por las malditas comparaciones, ha decidido poner fin a una prolífica carrera discográfica con este disco homónimo.
Hablo de Megadeth (o Dave Mustaine Band), como se quiera llamar, pues el único miembro que se ha mantenido en la banda desde el origen ha sido él, como todo el mundo sabe.
De su discografía no voy a hablar, pues desde el «Killing Is My Business» del año 1985 hasta ahora han pasado unos cuantos años, han sucedido infinidad de comparaciones con la otra archiconocida banda que empieza por M, han tenido variaciones de sonido e incluso de estilo y, al final del camino, nos ofrecen un gran disco que sirve de perfecto cierre a una gran carrera, y más que digno, teniendo en cuenta los problemas físicos padecidos por el sr. Mustaine.
Y sí, soy de los partidarios de que una retirada ahora, en buena forma y con un gran disco debajo del brazo y con una gira extensa (en la cual espero y deseo que esté en buena forma para resistirla), es lo mejor que puede hacer. No merece la pena ir haciendo el ridículo como otras bandas que llevan años haciendo la goma (utilizando el símil ciclista) y que van arrastrando su nombre y su legado por los escenarios de aquí y allá.

La producción de nuevo es cristalina, a cargo de Chris Rakestraw, como en el anterior disco, aunque creo que, personalmente, tanto al anterior como a este, en cuanto a sonido, les falta subir un poco los graves. Suena muy bien, pero muy agudo, muy afilado y, para mi gusto, algo más de graves para compactar la música hubiera quedado mejor. Pero es mi apreciación personal y no seré yo quien le diga al sr. Mustaine cómo producir un disco.
Y en el artwork, para sorpresa de nadie, de nuevo Vic, en este caso sobre fondo blanco y con traje blanco… sorprendente cuanto menos.
Entrando en materia, 11 temas son los que nos regala como acto final el sr. Mustaine, y celebro que haya mirado hacia atrás, entregando a sus fans de todas las épocas canciones de todos los estilos y colores dentro del universo Megadeth.
Se desatan las hostilidades con «Tipping Point», trallazo clásico de la banda, rápido, afilado y rabioso, donde demuestran que están en forma.
Le sigue «I Don’t Care», con un aire punk al más puro estilo, para mí, «Anarchy in the UK». Toda una declaración de intenciones, repitiendo el mantra del «no me importa».
Ahora bajamos una marcha y retrocedemos unos años, a épocas donde recibieron muchas críticas, al igual que muchos halagos, y que, a mí, sinceramente, son las que más me gustan. «Hey God» me hace viajar al tiempo de «Youthanasia» y «Cryptic Writings» y, sinceramente, me parece un tema espectacular, con esa rabia contenida entrelazada con melodías tan pegadizas. De lo mejor del disco para un servidor.
Volvemos a la caña más aplastante con «Let There Be Shred», tema 100 % Megadeth y que se podría encasillar en cualquier época. Muy motivadora la frase «to smash my guitar».
Volvemos a subir al DeLorean y regresamos a la época de «Youthanasia» y «Cryptic Writings» con dos temazos que entran en dura pugna por ser los mejores junto con el anteriormente mencionado «Hey God». La dupla «Puppet Parade» y «Another Bad Day» es sencillamente genial. Contienen todos los elementos que me fliparon por aquella época y que han hecho que rescate de nuevo esos discos. Como digo, el trío de ases del disco: «Hey God», «Puppet Parade» y «Another Bad Day», para el que suscribe estas líneas.
«Made to Kill» es un tema que sorprende por las variaciones de tempos que contiene. Parece un resumen de la carrera de la banda en un solo tema: pasajes más melódicos, pasajes más cañeros, entrelazados con fraseados más rabiosos.
De nuevo volvemos a viajar de la mano de «Obey the Call», que me ha retrotraído al año 1993, cuando la banda contribuyó a la banda sonora de «Last Action Hero» con un tema llamado «Angry Again». Esa cadencia de los riffs y esos estribillos me han recordado a ese olvidado tema y, aunque es una canción algo más relajada, ojo a la sorpresa final.
Sigue «I’m War» y volvemos a los Megadeth más melódicos, de los que más me gustan, y que sirve como preludio al gran final con «The Last Note», la carta de despedida de Mustaine al mundo del metal, que tanto le ha dado. Tema con una letra que no dejará indiferente a nadie, una nota de despedida sublime y, aunque siempre se le puso la etiqueta de thrash metal, me ha sorprendido y me ha encantado que su última canción sea más parecida y cercana a su época más melódica, que, insisto, es la que más me gusta.
Del bonus track me ahorraré el comentario, pues todos sabemos cuál es y me parece absurdo hacer comparaciones a estas alturas de la vida.
En resumen, para mí, un gran disco de despedida, que ha conseguido engancharme a la banda, cosa que no ocurría desde aquellos maravillosos años 90-00 y que creo que está a la altura de sus mejores obras. No en vano, casi 40 años de trayectoria dan para mucho, y seguro que tendrá detractores, como siempre, pero insisto: creo que se van dejando el pabellón muy alto.
También, a modo de curiosidad, creo que es el disco en la historia del metal con más ediciones diferentes: infinidad de vinilos a colores, con líquidos, con serigrafías que hacen efectos, CD con portadas en relieve, earbooks, K7, etc.













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