Existe un dicho que dice «nunca es tarde si la dicha es buena», y más clara y explícita no puede ser mi situación delante de este discazo.
Porque a Saurom no los tenía en el radar. No los escuchaba desde que se llamaban Saurom Lamberth, fijaos si ha llovido.
Y entre el mes de diciembre de 2025 y el mes de enero de 2026, como si de verdad los Reyes Magos existieran, se han alineado los astros para que yo caiga rendido ante esta magna obra y me haya vuelto un enamorado de «El Principito».
Me explico. Allá por finales de diciembre participé en un podcast de Rock entre Amigos, llamado «Cena de Empresa», donde buenos amigos y mejores divulgadores (excepto yo, que todavía soy novato) tuvimos una charla sobre temas que englobaban todo lo bueno y lo malo del año que se disponía a finalizar. Chechu Nos (líder de la banda North of South, que os recomiendo encarecidamente) recomendó el disco de Saurom y yo me lo anoté para darle una escucha, pues proviniendo esa opinión de tan gran músico, qué menos que hacerle caso.
Días después, mi mujer, mi hijo y yo disfrutamos de la obra teatral de «El Principito» aquí en Barcelona, de la cual salí absolutamente extasiado y con los ojos llenos de lágrimas por las emociones vividas allí.
Al día siguiente, al ir a visitar a mi padre al hospital, me puse el disco en el coche y me embargó tal sensación y me azotó tal deseo que, al llegar a casa por la noche, me compré el disco y el libro.
Tras esta breve explicación de cómo he llegado a enamorarme de Saurom, me siento en la obligación de escribir sobre el disco. Supongo que muchas reseñas habrá por internet, pero me siento en deuda con la banda, pues hacía años que no sentía la imperiosa necesidad de comprar un disco tras una sola escucha.
Porque si el libro es una maravilla, con infinidad de interpretaciones y metáforas, el disco es igual o incluso mejor.
La intensidad, la fuerza y la contundencia de cada canción narrando los capítulos o pasajes del libro es superlativa.
Empezando por la portada, realizada por Daniel López, en la cual vemos al Principito caracterizado de juglar (bonito detalle), la rosa y el amigo zorro, los baobabs, los cráteres, etc., que me parece espectacular, pasando por la banda al completo, que ha realizado un trabajo soberbio, y terminando por los sentimientos que transmite Miguel Ángel Franco en cada palabra y cada verso, hacen de este trabajo una maravilla sonora y narrativa sin parangón.
Y es que, a través de las 14 canciones de las que consta este disco, viajaremos por los planetas con el Principito, experimentaremos sus sentimientos, ayudaremos al aviador, nos «enfadaremos» con la rosa, lloraremos con la despedida… En fin, escucharemos la mejor versión posible de este gran libro.

Empezando por el «Prólogo», con esos toques folkies y épicos junto con la frase «dibújame un cordero», que hace que broten lágrimas cada vez que la oigo, presagia que el disco va a ser descomunal.
«El Principito» es un temarral descomunal y la síntesis perfecta del libro. Un resumen en unos cinco minutos de canción y la demostración de que Saurom hace una música excelente, mezcla de heavy y power metal aderezada con elementos folkies que le dan riqueza y colorido. Espectacular comienzo.
«Baobabs» es el siguiente capítulo del disco, en el cual la música sigue por los derroteros anteriores, muy potente y cargada de épica, a través de unos teclados que en momentos parecen cinematográficos y con un estribillo que invita a alzar el puño y gritar hasta quedarte sin aliento: «grita al cielo, siempre hay esperanza». La interpretación de la letra la dejo a elección de cada uno, pero la mía ha sido motivadora al 100 %, a pesar de los miedos a enfrentarme a los problemas.
«Mil estrellas», o lo que es lo mismo, mi tema preferido del disco. No puedo ser parcial con esta canción, así que no lo seré. Es una fantástica canción, cargada de energía y de ganas de vivir feliz, sea con quien sea y como sea, pero feliz. El estribillo es una cátedra al positivismo que resume en «lleno de mil estrellas y planetas y cometas, que me llevarán a un lugar del cosmos o del corazón de quien me quiera cuidar». Otro tema que no puedo escuchar sin derramar lágrimas por mis mejillas. Saurom, os quiero por este tema.
«El rey que no sabía mandar», canción más fiestera sin perder la potencia que desprende el disco en su totalidad, en la que se narra el encuentro del Principito con un rey que, aun viviendo solo, se cree que manda sobre el universo y se contradice a cada segundo… Las conclusiones, que cada uno saque las suyas.
«El vanidoso», otro trallazo de heavy metal, con unas afinaciones, a mi parecer, más modernas y actuales, pero igual de consistentes y emocionantes. Al igual que en el libro, el Principito aparece en un planeta donde el único ser que habita se cree el ombligo del mundo. En la vida real hay tanto vanidoso por ahí que hasta asusta.
«El farolero», o cómo hacer una canción heavy metalera con tantas emociones y sentimientos que te eriza cada vello del cuerpo. El estribillo destila tanta potencia y rabia que impresiona muchísimo. ¿Hasta dónde estaríais dispuestos a llegar y qué sacrificaríais por cumplir un sueño? Ahí lo deja Saurom, y yo.
«Un segundo» es la canción más powermetalera del disco, ya que, no en vano, a mi oído me ha recordado en ciertos pasajes a «We Drink Your Blood» de Powerwolf. En esta canción se trata de saltar y bailar al compás de la banda y tararear los coros finales hasta el fin de los tiempos… «viajaré por ti a ese lugar que un día soñé…». Un segundo lo puede cambiar todo.
«El vínculo», medio tiempo rozando la balada, con ciertas reminiscencias a grupos pop, no exento de calidad y calidez. Escribiendo estas líneas, mirando por la ventana con un cielo gris y lluvioso y esta canción de fondo, solo me apetece estar abrazado a mis seres queridos y no soltarlos jamás. El respeto y la admiración de las almas van forjando los vínculos que desembocan en amistades y amores eternos.
«Todo en mi vida». La gran balada, la más emotiva que he oído en mucho tiempo y la que mejor describe, al igual que en el libro, que el amor no es algo que brote de un día para otro: «es el tiempo que le has dedicado a tu rosa lo que la hace tan importante para ti».
«El aviador», otro tema festivo y positivo, ideal para cantar, bailar y disfrutar de la buena música. Al igual que en el libro, cuando el Principito le regala la melodía de su risa en una estrella para que, cuando se sienta triste, mire al cielo y la escuche, a veces los pequeños gestos son los que más nos alegran cuando estamos tristes. Esta canción es eso: un tema para disfrutar y al que recurrir cuando lo necesitemos.
«Interludio en las tinieblas», una instrumental para dar paso a la oda final del disco.
«El mordisco de la serpiente», tema extenso, cargado de cambios, voces guturales, voces líricas, rabia, emotividad, epicidad e incluso oscuridad. Como en todos los grandes discos, el do de pecho se da en el tema final, y Saurom no iba a ser menos. En este tema, al igual que en el libro, el Principito, en su deseo de volver a su asteroide, se deja seducir por la serpiente. Esta canción se podría calificar sencillamente como una obra de arte.
«Epílogo (Lamento de la rosa)», la despedida más emotiva para esta maravilla de disco. Esa guitarra acústica y esa voz representando a la flor es tan dulce y triste a la vez que quien no se emocione escuchándola es que no tiene corazón. Al igual que al final del libro, la rosa llora la pérdida de su Principito, su amor, mientras emprende su viaje al más allá. En la vida hay que disfrutar de cada momento, pues nunca sabes cuándo va a llegar tu momento de partir. Y, como se dijo antes, un segundo lo cambia todo.
En conclusión, siendo racional, Saurom ha grabado uno de los mejores discos que he oído en muchos años, repleto de música hecha con y desde el corazón, para los corazones de los amantes del buen hacer. Lástima no haberlo escuchado en 2025, pues hubiera ido directo a los puestos altos de mi top anual. Aun así, entra en mi selecta lista de discos imprescindibles.
Desde aquí, dar las gracias a la banda por esta grabación, por el fiel reflejo de lo que es el libro y por plasmar con tanta maestría la complicada tarea de transformar en música un cuento tan hermoso.













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